Responsive image

Trastorno de dolor genito-pélvico. Vaginismo.

¿Cómo puedo saber si lo que me pasa es vaginismo? ¿Puedo mejorar la calidad de mi relaciones sexuales? ¿A quién debo pedirle ayuda?


Alzar la voz sobre problemas relacionados con nuestra sexualidad no es tarea fácil, son temas que nos generan pudor y vergüenza. Nos encontramos en una sociedad hipersexualizada, que, además, idealiza la experiencia sexual. Junto a esto, se suman las creencias culturales y sociales sobre el cómo, cuánto, cuándo y con quién se realiza esta práctica.

Entrando en materia, dentro de los trastornos sexuales por dolor, se encuentra el vaginismo. En este blog vamos a hablar sobre problemas en la penetración durante las relaciones íntimas. ¿Te ocurre a ti o conoces a alguien que le ocurra? Sigue leyendo que te lo cuento.

¿Qué es el vaginismo?

El vaginismo consiste en una contracción involuntaria de la musculatura perivaginal, lo que se traduce en una dificultad o imposibilidad para la penetración durante las relaciones sexuales vaginales, ocasionando dolor. Es una disfunción sexual por la interferencia que ocasiona sobre el funcionamiento de la vida íntima de la persona, asimismo estas dificultades son recurrentes y persistentes, durante al menos 6 meses. Se diagnostica vaginismo si se detecta espasmo involuntario o constricción de la musculatura de la vagina, o si la exploración es imposible.

Afecta a un grupo reducido de mujeres, aproximadamente un 15%. Es más, estas dificultades pueden oscilar desde la incapacidad total para experimentar una penetración vaginal hasta la capacidad para experimentar penetraciones fácilmente en una situación, pero no en otra. Pueden manifestarse en distintos grados: leve, moderado, grave y muy grave.

Es importante resaltar que esta dificultad en la penetración vaginal no solo se evidencia en la inserción del pene, también ocurre en la inserción de tampones, la masturbación, uso de juguetes sexuales, exploraciones ginecológicas, etc. Esta dificultad puede presentarse sin alterar el deseo, la excitación, el orgasmo, aunque a largo plazo, puede ocurrir.

Muchas mujeres piensan que son las únicas a quienes les sucede esto, y se sienten avergonzadas, por ello, tardan mucho en consultar a un especialista. La mayoría de estas mujeres disfrutan del juego erótico que acompaña la actividad sexual y tienen un buen deseo sexual, una excitación óptima y pueden alcanzar el orgasmo por otras vías (estimulación oral o manual del clítoris) y por medio de cambios posturales.

Aun así, muchos casos manifiestan poca satisfacción o insatisfacción en la vida sexual (Spengler et al., 2020). Sin embargo, algunas mujeres con vaginismo leve, disfrutan del coito anal. Aunque este tipo de práctica está sujeta a prejuicios, ya que no se encuentra incluida dentro del modelo tradicional de actividad sexual.

Causas psicológicas

  • Educación negativa sobre la sexualidad. Se caracteriza por ser una educación conservadora, represiva, prejuiciosa o religiosa.
  • Escasa información sobre sexualidad. Se tienen ideas erróneas acerca de anatomía y tamaño de la vagina.
  • Baja autoestima.
  • Depresión y angustia.
  • Temor a sentir dolor por el tamaño del pene y temor a lesiones por parto vaginal.
  • Miedo al embarazo.
  • Pensamientos negativos anticipatorios sobre el rendimiento sexual (ej. “no voy a estar a la altura”).
  • Miedo al rechazo sexual.
  • Experiencia sexual traumática (abuso, violación…)
  • Problemas de pareja: interacciones sexuales torpes o inapropiadas, desconfianza, rechazo a la pareja, escasa comunicación…

Consecuencias

  • Miedo a la penetración. Miedo o ansiedad de sentir dolor vulvovaginal o pélvico antes, durante o como resultado de la penetración.
  • Ansiedad anticipatoria. Comienzan los pensamientos negativos sobre lo que va a ocurrir o está ocurriendo, la ansiedad se eleva y, como consecuencia, el cuerpo se tensa, lo que empeora la situación.
  • Evitación. Estos pensamientos negativos y las experiencias dolorosas anteriores, nos pueden llevar a la evitación/rechazo de situaciones sexuales/íntimas (reacción fóbica). No es raro escuchar a mujeres que no quieren mantener relaciones por miedo al dolor.
  • Conflictos en la relación. La ansiedad, el miedo y la evitación de las relaciones íntimas/sexuales puede afectar a la relación de pareja.

Debemos descartar…

De acuerdo con Alcoba (2004), si existen causas orgánicas que impidan la penetración vaginal, ya no se puede diagnosticar vaginismo. Por tanto, debemos descartar:

  • Causas médicas/físicas. Es importante una evaluación orgánica (ginecología/fisioterapia de suelo pélvico). Otras afecciones médicas como, por ejemplo, la menopausia, sequedad vaginal, problemas en el suelo pélvico o en los órganos reproductores.
  • Otro trastorno mental no sexual o como consecuencia de una alteración grave de la relación (ejemplo, violencia de género).
  • Uso de medicamentos o sustancias de abuso. Esta disfunción no se puede atribuir a los efectos de una sustancia/medicamento. Debemos estar atentas si coincide el comienzo de esta disfunción sexual con el inicio de algún tratamiento hormonal o de otro tipo. Por supuesto, debemos consultar con un profesional.
  • Estímulos sexuales inadecuados. En ocasiones, una estimulación inadecuada, rápida o escasa puede derivar en problemas de lubricación, excitación y/o satisfacción. Si la zona vaginal no se encuentra suficientemente lubricada, ya sea de forma natural (a través de la excitación) o mediante lubricantes, puede aparecer una fricción o penetración que resulta dolorosa. No solo es importante una lubricación externa y superficial, hemos de tener en cuenta que el interior de la vagina también debe tener una lubricación apropiada.

Tratamiento

Veo necesario destacar que el profesional encargado del tratamiento, debe estar especializado en sexología. Las técnicas más utilizadas son las siguientes:

  • Psicoeducación sobre sexualidad.
  • Reestructuración cognitiva. Debemos comenzar a cuestionar pensamientos, creencias limitantes y prejuicios sobre nuestra concepción de la sexualidad.
  • Comunicación sexual en pareja. Lo más importante en ese aspecto es una comunicación efectiva y asertiva. Es imprescindible poder decir qué me gusta y qué no, buscar cosas que nos gusten a ambos, probar diferentes vías de estimulación (juguetes sexuales, lubricantes, posturas…) y saber poner límites.
  • Entrenamiento en relajación. Relajación muscular progresiva de Jacobson y respiración diafragmática.
  • Entrenamiento del músculo pubocoxígeo e inserción de dilatadores vaginales de tamaño creciente.
  • Desensibilización sistemática. Es una técnica muy utilizada para trabajar la exposición a situaciones temidas. Consta de varias fases: entrenamiento en relajación, lista de situaciones que generan ansiedad en orden ascendente, exposición en imaginación y exposición gradual real.

Referencias

Alcoba Valls, S. L. (2004). Disfunciones sexuales en la mujer: Vaginismo y Dispareunia. Toquero de la Torre F, Zarco Rodríguez J, Alcoba Valls SL, García-Giralda Ruiz L, San Martín Blanco C, Cabello Santamaría F. Atención Primaria de Calidad. Guía de Buenas prácticas clínicas en disfunciones sexuales. Madrid: Editorial Internacional Marketing & Comunications SA, 95-108.

Spengler González, L. M., de Dios Blanco, E., Roque Ortega, L., & Maurisset Moraguez, D. (2020). Dispareunia y vaginismo, trastornos sexuales por dolor. Revista Cubana de Medicina Militar, 49(3).