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Intolerancia a la Incertidumbre

Cuando el futuro preocupa demasiado: entendiendo la intolerancia a la incertidumbre.

La incertidumbre forma parte inevitable de la vida humana. Aprender a convivir con ella no significa resignarse, sino desarrollar la flexibilidad psicológica necesaria para avanzar incluso cuando no tenemos todas las respuestas.


En estos momentos somos conscientes del caos en el que habita el mundo, es casi inevitable ponernos a pensar qué puede pasar en el futuro. Las dudas nos asaltan y nos dejan estancados en la incesante preocupación, aterrados y con la fría sensación de no encontrar la salida. Muchas veces, esto se manifiesta en forma de ansiedad anticipatoria, una emoción que surge al imaginar posibles escenarios futuros y sentir que no estamos preparados para afrontarlos. Pero ¿de dónde viene esta ansiedad? Un rasgo fundamental que la alimenta es la intolerancia a la incertidumbre.

La intolerancia a la incertidumbre es un concepto psicológico que describe la dificultad que tienen algunas personas para afrontar con calma situaciones futuras que no pueden controlar. Cuando esto ocurre, la incertidumbre y la ambigüedad suelen vivirse como algo negativo o amenazante, lo que hace más difícil aceptar que en muchas situaciones de la vida no podemos tener todas las respuestas.

Consecuencias Psicológicas de la Intolerancia a la Incertidumbre:

Esa gran dificultad hace que se generen un sinfín de pensamientos y que aparezca la preocupación. Aparentemente, la preocupación parece inofensiva. De hecho, a corto plazo, nos ayuda a protegernos, pues nos pone en alerta ante posibles peligros. Sin embargo, a largo plazo nos encierra en las profundidades de nuestro más oscuro temor dándole vueltas a todas las alternativas negativas que podrían pasar y generando lo que se conoce como “visión túnel” un enfoque estrecho que reduce la capacidad de creatividad y de ver soluciones alternativas.

Si pudiéramos desgranar cómo funciona nuestra mente ante la intolerancia a la incertidumbre, podríamos decir que nuestro cerebro “rellena” los vacíos (las dudas, ambigüedades, etc.) con los peores escenarios posibles. En este sentido, no es la incertidumbre en sí lo que nos causa ese malestar, sino la evaluación de la amenaza y la creencia de no poder hacer frente a lo que nos pueda pasar.

Incertidumbre y miedo

Imagen generada mediante IA.

¿Cómo podemos evitar dejarnos llevar por el miedo?

Frente a la ambigüedad aparecerá el miedo, ante ellos tenemos que evaluar la situación con claridad y poner en marcha estrategias de afrontamiento. Vayamos paso a paso. En primer lugar, es importante matizar que no es la incertidumbre en sí el núcleo de nuestra preocupación, sino la evaluación de que la amenaza sobrepasa nuestros recursos. Cada persona, tiene una percepción subjetiva de sus recursos y estrategias de afrontamiento. Sin embargo, en algunas ocasiones, subestimamos nuestras capacidades y sobreestimamos el peligro. Algunos pasos que nos ayudarán a hacerle frente son:

1.Identificar los sentimientos: en primer lugar tenemos que ponerle nombre a lo que experimentamos.

  • ¿Qué emoción estoy sintiendo?
  • ¿ Qué sensaciones físicas observo en mi cuerpo al preocuparme por esa situación futura?
  • ¿Es miedo, pánico, nerviosismo, frustración, ansiedad?

2.Observa y cuestiona tus pensamientos pensamientos:

  • ¿Qué escenario estoy imaginando, que es lo que me preocupa?
  • ¿Estoy sobreestimando la probabilidad de que ocurra algo malo?
  • ¿Estoy subestimando mi capacidad para manejarlo si ocurriera?
  • ¿Estoy usando palabras como “siempre” o “nunca” en mis pensamientos? Si es así, ¿Es verdad que son “siempre” o “nunca”?
  • ¿Qué parte está fuera de mi control?
  • ¿Estoy confundiendo incertidumbre con peligro real?

3.Elaborar estrategias para hacer frente al problema: en estos momentos una vez que hayamos identificado si estamos evaluando de forma errónea la situación, y podamos ver la situación con mayor claridad, podremos pensar en un plan de acción.

  • ¿Qué pasos concretos puedo dar para manejar lo que sí está en mi control?
  • ¿ He pasado por situaciones similares antes? ¿ De qué forma las gestioné?
  • ¿Qué recursos tengo que me ayudarían si ocurriera lo que temo?
  • ¿Cómo puedo aceptar lo que no puedo cambiar sin quedarme paralizado?
  • ¿Qué pensamiento más realista puedo tener sobre esta situación?

Estas preguntas nos ayudan a ‘poner los pies en la tierra’ y tomar conciencia de lo que realmente está sucediendo.

Por otra parte, la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), el mindfulness y los ejercicios de respiración y relajación son muy efectivos para aumentar la tolerancia a la incertidumbre. Por ejemplo, algunas herramientas psicológicas pueden ayudarnos a manejar mejor la incertidumbre. La terapia cognitivo-conductual nos enseña a cuestionar pensamientos catastrofistas o exagerados. El mindfulness nos ayuda a centrarnos en el presente y a aceptar que no todo puede saberse o controlarse. Y los ejercicios de respiración y relajación permiten que el cuerpo se calme cuando la ansiedad aparece.

En definitiva, no podemos controlar todo lo que ocurrirá en el futuro, pero sí podemos elegir cómo afrontarlo. La incertidumbre forma parte de la vida, no es una enemiga a eliminar. Cuando dejemos de luchar contra la incertidumbre y empecemos a desarrollar recursos para afrontarla, la preocupación irá perdiendo fuerza y comenzaremos a experimentar un poco más de calma y seguridad.